Don fausto fernández ponte es poseedor de un impresionante y sólido currículum: 50 años de periodista profesional. Su opinión y columnas periodísticas son respetadas en ese ámbito, por el prestigio que a pulso se ha ganado, es considerado una autoridad en su campo. Además de corresponsal de guerra, ha entrevistado a jefes de estado y de gobierno de la talla de Lyndon B. Johnson, Richard M. Nixon, Indira Gandhi y William Clinton.
Sus padres, el Sr. Fausto Fernández Valdés de 34 años y Lucía Ponte Azueta de 20, se casaron en Coatzacoalcos a mediados de la década de los años 30s e hicieron su hogar en la casa ubicada en Llave esquina con 16 de Septiembre, precisamente donde ahora se ubica el Hotel Enríquez. En este domicilio, una partera –doña Meregilda, pequeña y anciana-, lo trajo al mundo, por lo que nació el 14 de agosto de 1936 y tuvo además con el tiempo tres hermanos, Felipe, Carmen Lucía y Arturo. Su padre trabajaba en “el cable” (según se le decía al telégrafo), empresa norteamericana de telégrafos, la Western Union, antes que fuera nacionalizada.
Su padre, falleció en 1999 a los 99 años, y su madre, nativa de Tuxpan, Veracruz, llegó a ser una mujer muy talentosa, muy inquieta, con una muy marcada inclinación cultural. Su abuela paterna fue Valentina Valdés, quien a su vez fue prima hermana de doña Tomasa Valdés, esposa del general Miguel Alemán González, por lo que el hijo de ellos, Miguel Alemán Valdés, era tío de don Fausto.
Estudió su Kinder, entonces llamada escuela de párvulos, con doña Amelia Herrera, en la segunda calle de Hidalgo, frente al Hotel Tubilla. Se pasaba por el negocio de sombreros (todo mundo usaba entonces sombreros) que Doña Amelia tenía al frente y al fondo se reunían los niños con ella.
La primaria, del 1º al 4º año, la estudió en la escuela Vicente Guerrero, en el precioso edificio que construyeron los lugareños entre ellos el padre de él en una especie de autoconstrucción, en la esquina de Juárez y Morelos. Los años 5º y 6º los estudió en la escuela Artículo123, gracias aun tío (don Arturo Fernández) que fue superintendente de la refinería de Pemex en Minatitlán. La secundaria y preparatoria, la cursó en la Escuela Secundaria de Bachilleres Miguel Alemán Valdés, en 16 de septiembre esquina Madero.
Estudió en la Facultad de Derecho de la Universidad Veracruzana, y al cerrarse ésta, se inscribió en la Facultad de Derecho de la UNAM. Más tarde, becado, fue al Macalester College en Saint Paul (Minnesota) y en la Universidad de Minnesota. Al incursionar en las letras, al dedicarse a escribir, descubrió que no sería abogado nunca, pero sus conocimientos legales le han sido muy útiles como periodista profesional.
Fundó el periódico catorcenal “La Voz del Estudiante” en 1961, marcando su debut en el periodismo a los 15 años de edad, aquí en el puerto. Mientras estuvo en la Universidad Veracruzana publicó el semanario “El Estudiante”, a mismo tiempo que reporteaba para el Diario de Xalapa. Luego, ya en la UNAM, publicó Diario CU, el único diario estudiantil que se haya editado en el Distrito Federal. Paralelamente, cubría la fuente estudiantil y de deportes para el diario El Zócalo.
A pesar de la impresionante personalidad que se ha forjado en el reñido mundo del periodismo, su sensibilidad humana no ha disminuido; evoca con nostalgia a sus amigos: Chito Alor; Manuel Ramos Gurrión; Camilo Ordaz, hermano mayor de Víctor; Fernando González Mora; los Ramón de Diego; Juan Hillman; los Nouche, Ramón Hernández Toledo; Sami Hayek, Arnulfo González, y muchos más.
A pesar de estar tocando el cielo con los dedos por la cima profesional a la que ha llegado, no olvida sus orígenes. “Recuerdo muy bien al profesor Santos, a la profesora Teresa, el profesor Domínguez, el profesor Mata. También a los profesores Santillana, Rubén Acosta y su esposa”, evoca con añoranza.
Al término de su carrera, Fernández Ponte realizó su servicio social como reportero en The Philadelphia Enquirer, rotativo fundado por Benjamín Franklin en Pennsylvania, y fue becario de la School of Jornalism, en la Universidad de Minnesota, y en The World Press Institute, en Minneapolis. Fue corresponsal del diario Excélsior en la Organización de las Naciones Unidas (Nueva York), Washington y los Ángeles, California, Estados Unidos.
Entre 1968 y 1969, Fausto Fernández estuvo como corresponsal de guerra en Vietnam, durante cuatro meses, también por Excélsior.
Ha hecho sentir enormemente su presencia en la profesión del periodismo. Respetado y reconocido como una autoridad cuando opina y escribe, actualmente es presidente del Club Primera Plana, donde se integran un fuerte grupo de escritores periodistas. También a iniciativa de él se creó la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos. Adicionalmente, es director, gerente general y editor de un espacio en Internet llamado “Cómo hacer negocios en Veracruz” en esta dirección: www.negociosdeveracruz.com.mx , es articulista para varios periódicos y sus “ASIMETRÍAS” son muy leídas por muchos.
“Como persona, mis metas son las de continuar contribuyendo de alguna manera --muy modesta-- al desarrollo social y político de México, al desenvolvimiento cultural de nuestro país. [...]. Otra meta es la de lograr, como presidente del Club Primera Plana, la unidad del gremio de periodistas, históricamente dividido”.
Seguro que aún conquistará cimas Fausto Fernández Ponte y dejará huella perenne como legado. . . un hijo famoso de Coatzacoalcos.
Ante la pregunta, "¿Quiénes han dejado huella en usted?", Don Fausto Fernández nos responde:
“Todos.[…] Nunca olvidaré a quienes han dejado huella en mi vida. En primer lugar, mi madre, quien era una mujer muy ilustrada, culta quien no sólo leía y escribía en castellano sino también en gallego, escribía muy bien, según mi propio discernimiento, pues he leído algunos textos que por inexistencia de periódicos, no pudo publicar. Yo le leí algo en prosa y en verso, ella me enseñaba y me alentaba. Gracias a ella aprendí gramática y, en particular, manejar la sintaxis.”
“El profesor Mata quien fue como un tutor en mi interés por la literatura en la secundaria Miguel Alemán. El profesor Santos –quien era un oaxaqueño muy estricto, quien andaba siempre con una varita-- y le gustaba la música y nos hacía cantar en las mañanas nuestro Himno Nacional y, por la tarde, la bellísima "Canción Mixteca", [además] privilegiaba la disciplina. Nos hablaba tanto de Oaxaca que pienso que sentía nostalgia por su terruño”.
“Otro personaje que alentó mi inclinación por la literatura --y el idioma-- fue el ingeniero don Manlio Abel Dávila, fundador de un periódico literario (¡un periódico literario en Coatzacoalcos durante los [años] treinta y cuarenta!) llamado Argos”.
“Rindo homenaje póstumo a don Manuel Rodríguez Olán, propietario del diario La Opinión, de Minatitlán, Veracruz, el noble impresor y tipógrafo tabasqueño que como editor de periódicos nos puso el ejemplo por su pluralidad, su tolerancia, su equilibrio en la difusión de noticias y opiniones, y su honestidad intelectual. Él me recibió con mis cuartillas y me dijo: "Vete con el profesor Angel". El escritorio del profesor Angel estaba junto a un linotipo que despedía humo y un olor a plomo hirviente mezclado con el olor a tinta”.
“El profesor Angel, resultó ser don Angel J. Hermida Ruiz, a quien rindo hoy emocionado homenaje al entregarle un reconocimiento como periodista emérito de México y como maestro en humanidad y sencillez, allá en Minatitlán, editando y publicando con pundonor y profesionalismo el diario La Opinión”.